sábado, 22 de noviembre de 2008

EL VERDUGO DEL TIEMPO

Como si nada hubiese ocurrido, las plazas siguen siendo testigo de como envejecemos. La puertas de los bares se agrietan de usarlas al entrar a una charla de café. Nos damos cuenta de las veredas arregladas con otro color ya que no se fabrican esos mismos suelos. Esos desgastados de ir y venir de una reunión a otra. El tiempo nos pone el filo del cuchillo en la nuca para que apuremos la marcha. No respira entre segundo a segundo, dejándonos el aliento seco paso a paso. Y la crecida del río trajo camalotes y correntada. Un sol abrasivo a las tres de la tarde mientras la calle sigue recordándote que llegas tarde. Siempre llegas tarde. El filo del cuchillo de mueve hacia un lado y otro del cuello dejando una cicatriz. Cada mañana me pongo las zapatillas para ir a caminar, de casa a la parte del centro del parque del Paraná. Caras sudorosas apurando la marcha, llegan tarde, se levantan tarde, no quieren al verdugo. Detestan ese blanco cabello y aliento agrio. Algunas personas hacemos el mismo recorrido, otros se desvían a las terrazas con el desayuno. El río creció esta semana más de lo normal. Después de una hora de andar le llevo ventaja, me adelanto. Corro, paso de dos en dos las canciones. Y cruzo las calles en diagonal, paso los minutos a mi costo: precio ponderado en arrugas. Tomo la zona de la avenida para volver al punto de partida calma en la marcha. Abro la puerta, me descambio. Pasan las horas. Ese verdugo, come conmigo, se baña conmigo, mira los árboles de la plaza conmigo por la tarde. Y hace brillar el filo del tiempo al sol, recuerda el barrio y la mugre de la historia. Los dos polos. Al sentarse a mi lado pasa de un lado a otro de la nuca el filo del tiempo.

3 comentarios:

Mixha dijo...

Eres buena escribiendo, me gustó este relato tipo crónica, tu devenir diario, un beso

Manuel Alcazar dijo...

Me quedo sin palabras frente a tu escrito. Que bien sabes hablar del tiempo, ese tiempo que no deja de pasar, de avanzar y que vive en lo cotidiano. También describes muy bien lo cotidiano. Un beso muy fuerte para mi lejana y cercana amiga escritora.
Manuel Alcázar

expeatón dijo...

Sólo en algunas clases con Giusseppe había visto tu faceta prosista!, un gusto volver a verla.

Un abrazo.

Julio.